divendres, d’abril 16, 2010

Mi Dios, mi amigo...


Mi estimado hermano; que la Paz del Señor sea contigo. 

Después de mucho tiempo creyendo que andaba con el Señor, un día no muy lejano, entendí que todo en mi era puro egoísmo, por tanto que no buscaba a Dios por lo que Él es, sino por todo cuanto por mi parte deseaba de Él obtener. 

Fue por su gracia que logré entender que tenía un Dios, pero no UN AMIGO. Tenía un Dios al cual siempre acudía con mis problemas, con mis necesidades, con todo cuanto me impedía sentirme gozoso en mi carne. Pero sin darme cuenta que a la verdad ni lo estaba amando, ni tan siquiera le estaba correspondiendo con mi amistad, porque todo era para un interés único, los placeres y anhelos de mi carne. 

Hoy, y a pesar de haber sentido a Dios como dudo que nadie lo haya sentido —por años sentí a Dios— hoy aborrezco todo sentimiento por tanto que sólo sirve para llenarme de placer a mi mismo y conforme a mi ego.

No, no quiero a un Dios que me de todo lo que necesito, que cubra todos mis deseos, que me libre de lo que corresponde a una vida como cualquier otra vida, no: quiero UN AMIGO en el que pueda confiar y saber que sea cual sea la situación y por grave que esta sea, EL ESTARÁ CONMIGO, pero sin la necesidad de que me de nada a cambio más allá de su  amistad mismo. 

Nada quiero más que ser amigo de Dios. Él ya lo es mío, porque su Hijo me libro de la enemistad, pero aun me queda un largo camino para ser yo digno de que Él pueda llamarme amigo. Porque un amigo que siempre va con sus problemas, buscando siempre el sacar algo a cambio, con la intención de salir y siempre del encuentro beneficiado... NI ES AMIGO, NI TIENE AMOR, NI VALOR ALGUNO. 

Dios me ha dado la vida natural, y esta vida la quiero vivir COMO TODO EL MUNDO LA VIVE y con todo cuanto ella me ofrezca, no quiero ser más que nadie... sólo quiero una cosa y me repito: SER AMIGO DE DIOS, Y QUE EL ME CONSIDERE UN VERDADERO AMIGO. 

No se si llegas a entender de que te hablo, pero únicamente pido ser su amigo y que Él me reconozca como tal. NADA MÁS DESEO, ese es mi único anhelo. Y no es fácil ello, no, YO SOY EL ÚNICO IMPEDIMENTO, de ahí la necesida imperiosa de morir a uno mismo y sus deseos, conforme nos mostró Cristo mismo. 

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo sea contigo y los tuyos.